viernes, 17 de enero de 2014

RETRATO DE FAMILIA (De Colección de portarretratos)



Detenimiento del instante

En esta foto, además de mis hermanos, mis padres y yo, aparecen sentados y en primer plano mis abuelos maternos. Nosotros, estamos guareciéndolos de pie en segundo plano, formando una media luna.  En el fondo, a mano izquierda, está la casita de palma y madera, idéntica como la guardaba entre recuerdos antes de que mi hermana Hulda me mostrara este retrato. A mano derecha se puede ver el pozo de agua reluciente y sobre el brocal logro distinguir como un punto errático de luz vertiginosa, la cubeta de metal galvanizado con la que llenábamos un tanque con capacidad de 200 litros que algún petrolero de aquellos tiempos le regaló a mi papá Beto. La mata de gardenia, también a mano derecha pero en primer plano, pregona su  blancura  y cerca de ella mi abuela Natividad, custodia su aroma en el volátil resplandecer del mediodía. Ahí estamos todos, en este detenimiento del relámpago que vive dentro mí como una perturbación latente.





Papá Beto

Cuando tú habitaste aquella suave marejada de selva

creciendo en el palpitar del mundo,

las cosas encontraron su orden en cada sitio.


El agua del pozo resucitaba luciérnagas vespertinas

que alzaban el vuelo con la reverberación del día en tu mirada.

Esa mirada de pequeño y ágil pez de río entretenido,

la misma que atravesaba el verdor del musgo nocturno sometiendo la llovizna.

La recia mirada de hombre recto, de insignificante hombre de Dios

abastecido de todas las bondades para recrear el vertiginoso trajín de la faena.


La idéntica mirada que ahora contemplo en el pálido sepia de la fotografía.




Mamá Nata

Sólo yo puedo ver en esta foto la blancura imantada de tus alas.

Ángel incandescente. Arteria de mi infancia.

Fuiste tú mi niñez ángel de oro.

Un vuelo de crisálidas tatuaban la hojarasca del aliento

con los signos de la palabra amor en el murmullo de tus labios.


Sólo yo logro mirar tus alas desplegadas reflejando la luz

de la misma forma que un mango maduro hace trizas con su aroma

el pulso sosegado y la respiración del cosmos.


Solo, arrinconado en mi propia sangre de animal efímero,

me declaro indefenso ante la vastedad entrañable de tu abrazo

que amparaba demonios y arcángeles al filo de una bendición ante el insulto. 



Don Bello García Márquez

Trotamundos, cuentasueños, corazón de pollo.

El alma de la palabra vertida en tu conversación

desplegaba las puertas del absurdo,

trascendía las sílabas, el asomo tirabuzón de las palabras.


El alba del habla en tu saludo bogaba corazón adentro

en una barca de duendes amarillos

que nos perdían en el bosque de la infancia.


Baúl de sueños en la casa del abrazo.

Beso tu foto, viejo ciego, sigilo de pez nocturno a la deriva.






 Mamá Sofi

Tú eres mi niña yo soy tu amor impostergable

y hoy que toco tu frente de infinita fronda de árbol dormido, la vida es leve,

la vida es un ritmo amainado de latidos en el cálido trinar desde tu pecho.


Tú eres mi niña, no podría ser de otra manera.

Yo soy tu amor que juega a entretenerse

en esta brevedad de vida en que temblamos.





 Hulda

Aquí estamos al fin hermana primogénita,

ya crecimos, ya somos mayores.

Ahora es más cercano el invierno

cuando alarga la vida su brazo de molusco

oscurecido de pronto por un viento enlutado

que hace flotar sábanas y desentierra osamentas de recuerdos ajenos.


Aquí estamos ahora, hermana displicente.

Profetiza del alba.

Los varones aprendimos oficios.

Las mujeres a no perder el juicio.

Esperábamos más en este bosque oscuro

pero un adiós secreto despertó pañuelos blancos en el mar de los años.




Manasés

Te bendijo Jacob mas no su ángel 

y el dolor como una flecha te traspasó el corazón en tu primer hijo.

Eras una imagen fugaz de roble anochecido

cuando frágiles barcazas iban a la deriva sobre tu mar de llanto.


Fuimos uno contigo en tu bahía insomne

silenciando con los dedos el rumor de las aguas.

Fuimos uno contigo y nuestra madre despertaba en la cocina

olores a tamales y a flor de cempazúchitl.


Cachorro de león tu selva sueña,

abre sus ventanas azules y el rugido que te habita al fin despierta

y lo abarca todo en un oleaje de recuerdos

donde somos uno contigo en la oscura lejanía

de aquel zarpazo de tiempo entretenido. 





 Ruth


La moabita en los campos de Booz,

la de tierna silueta y bálsamos adormecedores.

Cuando tú cruzabas los sembradíos

la tarde caía en tu vestido detrás de fantasmas nocturnos

y los cosechadores hacían de la jornada una fiesta de palabras dispersas.


Trazaba la luz horizontes secretos

y un graznido de cuervos llegaba entre las risas

Encendías el alba en un discurso de hojuelas

y la oración era el vino que aguardaba una señal en la humedad de los labios.


Nuestra hermana tú, nuestra madre; nuestra virgen tú, nuestro amparo.

Calcinación de un recuerdo prehistórico en la provocada mutación de la memoria.







Elí

Yo siempre me imaginé Robin para que tú fueras Batman.
La aventura comenzaba al descorrer su cortina la mañana
y a pesar de la sentencia y el castigo siempre había escapes
que nos llevaban a bordo del peligro hacia los bancos de arena.

Manasés, Aquila, tú  y el primo Obed; la pandilla del escándalo.

Recuerdo aquel día en que el tío Jesús enviado por nuestra madre,
nos robó las ropas y tuvimos que esperar la noche para regresar a casa
llevando nuestra desnudez de sombra en sombra,
un centelleo de pez en la mirada y un concierto de tambores en el pecho.

Había en nuestros juegos de infancia proezas de selva, conjuros de agua,
travesía de espantapájaros, zarampicos y pandorgas.

Siempre fuiste el primero en todo y tocaste el abismo antes que nadie,
para enseñarnos la fragilidad de aquel barquito que navegó solo
en la turbulencia del río efímero que una torrencial lluvia formó en la calle.

Elí, Elí, lama sabactani, le dijiste al abismo, por qué nos has desamparado.



Yo

Aferrado a la falda de mi madre,

bajo el sometimiento de la cámara fotográfica y su destello

miro con timidez la reverberación de la luz sobre las alas de posibles libélulas

girando alrededor de aquel instante de crepúsculo.


Se percibe como un abismo la ausencia de Jocabeth, la menor

y a la ahora de presentir dentro del retrato este vacío

que sugiere duendes aéreos remando hacia la muerte,

ya no me queda otro remedio que aceptar las horas consumidas

en la que los juegos y el hambre descifraban la alquimia de la risa.


Las figuras estáticas, el desviado reflejo del sol entre las ramas

y la prolongada caída de una tempestad de recuerdos

constituyen hoy como la fe de mis mayores, la sagrada imagen de familia.   



































No hay comentarios:

Publicar un comentario